Día uno:
Hoy ha sido el primer día que hemos acampado en el bosque y no sé que esperar del verano que me espera... Sé que a lo mejor no te lo vas a creer, básicamente porque yo sigo alucinado por lo sucedido.
Se hizo de noche y la luna brillaba como nunca antes, acompañada por millones de puntitos relucientes que le hacían compañía. Joe discutía con Sam de si encender un fuego o aguantar la noche sin uno. Primeramente creía que estaban locos, ¿fuego en verano, para qué? Entonces, cuando empezó la brisa nocturna lo entendí. Al final optaron por encender una buena fogata, que durase toda la noche pero con una condición: se harían turnos para asegurarnos de que no se apague, ni se disperse quemando toda la vegetación.
Todo ocurrió en el cambio de Sam. Me tocaba vigilar a mí y a Sam, dormir. Entonces yo me senté en el suelo, pero al lado de la fogata para permanecer caliente la hora y media que me tocaba vigilar. El sueño me venció y a pesar de lo incómodo que es el suelo y más en la montaña, me dormí. Al poco rato escuché algo moverse entre los arbustos y me desperté dando un bote sobresaltado. Presté atención y nada, sería mi imaginación... La mirada se me fue a las llamas y la preocupación desapareció por completo hasta que vi un animal de la altura de un perro moverse entre los árboles. Su silueta iluminada levemente por la luz del fuego y la luna asustaba. Me quedé paralizado, deseando que se fuese. El lobo se dio cuenta de mi presencia y se giró para escudriñarme y valorar si era una amenaza o no para él.
Al parecer me consideró un enemigo o una presa, porque rugió y me enseño los dientes. Yo seguía paralizado por el miedo y no podía dejar de mirarle a sus hipnóticos ojos. Cuando quise darme cuenta ya estaba caminando hacia a mí, con una velocidad razonable. ¡Al fin! Mi cuerpo reaccionó, no sé si fue por la excitación de rozar la muerte o qué, pero mis piernas se pusieron a correr ladera abajo y el animal detrás de mi.
Ahora, a duras penas se veía nada, solo ligeras siluetas bastante oscuras iluminadas tenuemente por el cielo. Cuando llegué al final divisé el claro donde hicimos las actividades. Sin dejar de correr delante de la mismísima parca, me acordé de los jabalinas que utilizamos. Sin dudarlo me dirigí a por ellas y cogí una bastante afilada. Me armé de coraje y me paré en seco dando media vuelta de cara al animal. No quería hacerlo, pero era él o yo. Lancé el arma lo mas fuerte y precisa que pude y supe. No sé si por suerte o por desgracia, solo le rozó un poco el costado, pero seguía corriendo en dirección a mí. Pensando que esto no lo podría contar, me puse de rodillas esperándolo, esperando a que me matase.
Pero cuando estaba a un metro de mí, paró y me miró a los ojos. Yo quedé atrapado bajo su poder hipnótico y no podía apartar la vista de él. Seguidamente, se limitó a aullar, se giró elegantemente y desapareció de manera misteriosa entre la oscuridad.

Muy impactánte relato.
ResponderEliminarBueno, paso para avisarle que ya no podré seguir en la Iniciativa Día Uno U_U
Tengo mucho trabajo y no podré seguir actualizando como antes. Gracias por las atenciones, saludos ñ_ñ
¡Cuando quieras vuelve!
EliminarHola! Tienes un premio en mi blog :)
ResponderEliminarPasate cuando gustes!
Besos!
¡Genial, gracias!
EliminarMe encantó el relato. Sencillamente atrapante.
ResponderEliminarAy, muchas gracias.
Eliminar